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Origen e Historia del Aire Comprimido

El rifle de aire comprimido tal y como lo conocemos nace en la edad moderna, concretamente durante las guerras Napoleónicas. Durante este periodo, las armas de fuego no eran lo suficientemente precisas ni eficaces como para sustituir el choque cuerpo a cuerpo como elemento decisivo en los combates.

Factores como la humedad y los lentos procesos de recarga hacían que la frecuencia de disparo oscilase entre uno y cinco tiros por minuto dependiendo de la preparación del ejército y las condiciones climáticas. Adicionalmente, la baja tasa de aciertos obligaba a los soldados a disparar en masa, acertando según El general William Francis Napier en su obra “History of the War in the Peninsule” un promedio menor a un 1%. El bajo rendimiento de estas primitivas armas de fuego obligaba a los ejércitos a hacer uso de bayonetas.

Bartolomé Girardoni, nacido en 1744 en el seno de una familia de relojeros italianos de Bolzano y apasionado mecánico, desarrolló un prototipo que cambiaría el curso bélico del siglo. El Mariscal-Teniente Theodor Baron Rouvroy se fijó en uno de sus diseños y logró la autorización de José II de Habsburgo para el desarrollo de un arma de infantería que emplease aire comprimido como impulsor y no la pólvora. La carabina Girandoni conocida como ‘Windbüchse’ “el fusil de viento” comenzaría a producirse en 1779.

El Rifle de viento de Girardoni se basaba en un depósito metálico de unos 17 cm de largo con base semiesférica. En el extremo anterior se ubicaba la válvula de apertura y el mecanismo del arma: gatillo y cargador con capacidad de albergar veinte bolas de un calibre estimado de 13mm. La culata estaba fabricada en una lámina de hierro de 2 mm de espesor y cubierta de piel con el objetivo de paliar el retroceso del arma. El secreto del ‘Windbüchse’ era sin duda su sofisticada culata, que permitía lograr veinte disparos en un minuto con la posibilidad de recarga en posición de cuerpo a tierra. Su diseño y mecánica, salvando ciertas distancias, se asemejaba notablemente a los actuales rifles PCP.

A pesar de que la veintena de carabinas Girandoni que sobrevivieron al paso del tiempo han sufrido daños irreversibles en el sello de la válvula, se estima que el arma era capaz de hacer 30 disparos sin recargar la botella. El Rifle de viento de Girardoni ofrecía adicionalmente un sistema multidisparo altamente sofisticado: su cargador se colocaba en el lado derecho del cañón y con un simple movimiento tras cada disparo, la siguiente bola se colocaba para ser disparada en menos de dos segundos. Según consta en los manuales históricos, a cada soldado se le entregaba cuatro tubos cargados que rellenaban de forma rápida el cargador. La gran potencia, alcance y sigilo de este disruptivo rifle hizo que Napoleón mandase ejecutar a cualquier enemigo que fuese capturado en posesión de una de ellas.