Aire Comprimido

Aire comprimido y armas de fuego: principales diferencias y similitudes.

Un arma de aire comprimido se asemeja más de lo que podríamos pensar a un rifle tradicional en lo que refiere a peso, dimensiones y construcción. De hecho, cualquier no iniciado podría confundir ambas armas a simple vista, especialmente si se tratan de carabinas con culata de madera. Sin embargo, el grosor del cañón delata rápidamente a la carabina de aire comprimido ante un ojo entrenado, dado que los pequeños calibres tan utilizados en el aire comprimido son ya productos de uso residual en armas de fuego.

A la hora de disparar, el panorama cambia radicalmente. Mientras que un rifle emite un gran retroceso acompañado de un sonido considerable -incluso tratándose de pequeños calibres- una carabina de aire comprimido apenas los genera. Éste, entre muchos otros factores hace que las armas de aire comprimido se hayan impuesto como un producto de iniciación en los deportes de precisión. Es precisamente este sutil retroceso lo que nos permite tomar rápidamente confianza con el arma a la hora de controlar el disparo, permitiéndonos optimizar nuestra curva de aprendizaje.

El número de horas invertidas para dominar un arma de fuego es mucho mayor que en el caso de su equivalente de aire comprimido por un único motivo: El número de disparos por jornada. Mientras que con un arma de fuego la media de disparos por hora se reduce notablemente debido al alto coste de la munición y a la naturaleza las disciplinas practicadas, el bajo coste de los balines y sobre todo el menor desgaste físico –principalmente debido al retroceso- propio de las armas de aire permite que disparemos más y mejor en menos tiempo.

Supongamos que dispones de todo el tiempo del mundo para convertirte en un maestro tirador, lo que relativizaría el hecho de dedicar tantas horas a una sola actividad para dominarla… Problema solucionado ¿verdad? Lamentamos comunicarte que existe otro pequeño inconveniente por lo que al número de disparos respecta: El coste de cada disparo.

La práctica hace al maestro, es un hecho más que demostrado. En Gamo, siguiendo popular la teoría que declara que un ‘maestro’ en cualquier disciplina requiere de 10.000 horas para completar su formación, hemos calculado el impacto económico que el tiro de precisión tendría en nuestros bolsillos utilizando un arma de aire comprimido (CAL .177) y un arma de fuego de pequeño calibre (CAL .22LR).

Considerando una frecuencia de disparo de 25 tiros por hora para el arma de aire comprimido, y una frecuencia de disparo de 5 tiros por hora para el arma de fuego, el coste total del proceso de aprendizaje ascendería a 45.000 euros utilizando el arma de fuego, mientras que el arma de aire comprimido nos permitiría ahorrar un 83% del coste disparando hasta 4 veces más.

¿Quiere esto decir que debemos disparar exclusivamente con armas de aire comprimido? En absoluto. En Gamo opinamos que la utilización de distintos calibres y formatos forman parte de una experiencia de aprendizaje más rica y satisfactoria para el tirador, por ello siempre recomendamos probar y utilizar simultáneamente distintas armas. En el caso del aire comprimido, los rifles ‘break barrel’ de muelle del calibre 4,5 suelen ser una muy acertada primera elección, pero no por ello debemos descartar el uso de armas como las ‘Gas piston’ para usuarios más avanzados o bien de las famosas ‘PCP’ para modalidades más competitivas. Por otro lado, explorar los distintos calibres existentes también nos permitirá averiguar cuál de ellos se ajusta más a nuestras necesidades.